Cada 10 de junio, Argentina reafirma una herida abierta, una causa permanente, un derecho soberano que late en el corazón de su pueblo: la soberanía sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur, Sandwich del Sur y los espacios marítimos circundantes. Este día no conmemora un conflicto bélico ni una derrota, sino una declaración histórica de derechos sobre un territorio que forma parte indiscutible del alma nacional.
Una fecha con raíces profundas
El 10 de junio de 1829, el gobierno de las Provincias Unidas del Río de la Plata creó la Comandancia Política y Militar de las Islas Malvinas, designando a Luis Vernet como máxima autoridad. Esta decisión no fue un acto improvisado: fue la consolidación de años de presencia, de navegación, de soberanía ejercida de hecho y de derecho.
En ese entonces, Argentina ejercía un control pacífico y activo sobre las islas, con actividades comerciales, agrícolas y de defensa del medio ambiente marino. Vernet no solo fue un administrador, sino un símbolo de una soberanía joven y determinada.
La usurpación y el reclamo permanente
En 1833, el Reino Unido ocupó las islas mediante la fuerza militar, expulsando a las autoridades argentinas e iniciando una ocupación que se mantiene hasta hoy. Desde ese momento, todos los gobiernos argentinos, sin interrupción, han reclamado su devolución, amparados en el derecho internacional, en la geografía y en la historia.
Argentina nunca renunció a las islas. La comunidad internacional, a través de la resolución 2065 de la ONU (1965), reconoció la existencia de una disputa de soberanía y llamó a ambos países al diálogo. Sin embargo, el Reino Unido se ha negado sistemáticamente a avanzar en negociaciones sustantivas.

Una causa nacional, una causa de paz
La causa Malvinas trasciende gobiernos, ideologías y generaciones. Es una construcción de memoria, de justicia y de diplomacia. No se trata solo de recuperar un territorio, sino de defender el principio de integridad territorial frente al colonialismo persistente.
Las voces de los excombatientes, los diplomáticos, los docentes y los jóvenes que portan la bandera de las Malvinas mantienen viva esta lucha desde la palabra y desde la paz. La diplomacia argentina sigue trabajando para que el derecho se imponga a la fuerza, y que las Malvinas sean reconocidas, algún día, como lo que son: parte indivisible de la soberanía nacional.








